lunes, 1 de agosto de 2011

En las puertas del nuevo Inframundo

Por: Conde de Saint Germain

Era una noche especial. Me tocaba buscar a un amigo en un hotel por el área bancaria, después de mucho tiempo de no pisar suelo panameño y luego de haber recorrido varias naciones del mediterráneo europeo. Tuvo la suerte de estudiar y de paso, ver mundo, de seguro había muchas cosas que tenía contarme.

Después de las salutaciones de rigor, las remembranzas y elucubraciones, nuestras mentes sintonizaron un mismo pensamiento: había que hacer algo esta noche. Después de visitar el casino Venetto y ver las muchas mujeres que se dan cita en este lugar pensé visitar con mi amigo los sitios adyacentes a este casino, mas éste tenía otras ideas en mente. Debo admitir que su proposición me sorprendió un tanto.

Me dijo que desde que estudiaba, siempre le hablaron del "Mercado", siempre había escuchado leyendas blancas y negras de este lugar, para él debía ser una especie de lupanar antiguo, como en la Antigua Roma, donde las mujeres se exhibían sin ningún reparo y pudor por los pasillos, donde hombres de todo estrato social fornicaban a la vista de todos y donde debía haber mujeres de toda procedencia. Todo ese mundo desconocido le fascinaba casi de manera obsesiva y por lo demás ya había visitado varias salas de masajes y si bien había quedado satisfecho, quizá no tenía ese sabor que el buscaba.

Llegamos en taxi al final de la Cinta Costera, frente a un bar bastante luminoso llamado La Habana Club, sorprendiéndome un tanto. Logramos visualizar el objetivo: unos caserones vetustos ocultaban ese mundo de desenfreno y lujuria, eran las puertas de un nuevo inframundo al que estábamos a punto de entrar.

Entramos a la primera puerta disponible, era una puerta alta de madera. La primera sensación es la de la oscuridad, y una vez que nuestros ojos se acostumbraron a tal estado buscamos un lugar donde sentarnos y lo conseguimos cerca a la barra, justo en frente de la máquina tocadiscos (traganíquel, común en este tipo de cantinas) que justo en ese momento tocaba un vallenato llamado Tu eres la Reina, de un tal Diomedes Díaz. Pedimos una media de Ron Abuelo y nos decidimos a disfrutar del panorama: mujeres por todas partes, de todo color y tamaños, desde las más menudas hasta las más exhuberantes, senos naturales, artificiales, traseros exageradamente grandes o turbadoramente sensuales, todo enmarcado por mínimas vestimentas que dejaban muy poco, casi nada, a la imaginación. Una pequeñita de nombre Claudia empezó a coquetear con mi amigo (que resaltaba con su tez blanca en el lugar) incitándolo a fornicar en uno de los cuartos que quedaban en la planta superior del lugar. Pasaron varios minutos y la transacción no llegó a concretarse, mi amigo solo se limitó a mirarme y hacerme un gesto negativo con la mirada.

Supimos que el lugar se llamaba La Interiorana que posiblemente tenía décadas de existencia; había mujeres de cuerpos esculturales, dignos de cualquier sala de masajes de primera clase, y al mismo tiempo había mujeres cuyas edades podríamos fechar entre los 40 y 55 años. Alguien nos comentó que se podían encontrar mujeres que ya estaban allí cuando los norteamericanos se retiraban del Istmo, cuyas "carreras" podrían tener unos 15 años.

Encontramos a una chica de nombre Sandra, cabello rizado, hermosos senos y una cola preciosa, se sentó con nosotros a cambio de una cerveza, cuyo valor para ellas es B/. 2.50, nos contó que era barranquillera, que tenía semanas de haber llegado (esto casi siempre resulta ser falso) y que sus servicios en los cuartos eran de B/. 15.00 (incluye cuarto, dos preservativos y 15 minutos de acción); al invitarle otra cerveza nos reveló que las chicas también prestan sus servicios fuera del local, tan solo solicitando el número de celular, los costos oscilan entre B/.40.00 y B/.150.00 dependiendo del valor que se dé la chica, claro está, directamente proporcional a su físico y sus "habilidades". Por supuesto que este precio no incluye el hotel, pensión, push-bottom.

Comprendimos entonces la mecánica del juego: lo que para la plebe era un lugar donde coger sin miramientos, para el observador en realidad era un centro de enlace, de enganche, acceso a un mejor trato y un mejor servicio. Cada quién lo mira como desea.

Salimos bastante satisfechos del lugar, tomando un taxi, bastante abundantes en el área, así como la Policía Presidencial que ronda por la zona, el taxi nos llevó nuevamente al área bancaria, donde luego de llegar al lobby del hotel, dejé a mi amigo con una sonrisa en los labios, en su primera y última experiencia en el Inframundo, o al menos eso creí entonces...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario o si quieres ser editor en el blog o si quieres enviar la foto de alguna chica linda envia un mensaje a la siguiente dirección corporatocracio@gmail.com o Escribenos a travez de la pagina Contactanos.

Click Here!