miércoles, 6 de marzo de 2013

Crónica de un turista distraído en el Hotel Veneto de Ciudad de Panamá

Por: Cápitan Centella

 


Para un turista despistado y sin mucha malicia el Hotel Veneto en la ciudad de Panamá le resultará toda una sorpresa. Básicamente lo sorprenderá el desfile de colombianas entre los 18 hasta los 40. Todas ellas estratégicamente ubicadas en el casino del lugar. Las hay de todos los estilos y de casi todas las regiones del país. La mayoría, no todas, resultan amigables, conversadoras pero cuando confirman que no hay negocio rápido con su interlocutor, siguen su camino en busca preferiblemente de un gringo que les pague lo que piden. Algunas le pueden confesar el motivo por el cual están en Panamá haciendo lo que hacen. La cifra que piden estas damiselas hoy por una hora (marzo de 2013)  oscila entre 150 y 200 dólares, todo negociable. Aclaro que lo de la hora es un decir, ellas se esmeran en que 60 minutos se conviertan en mucho menos.
 
El punto más candente de la noche son pasadas las 11pm, a esa hora usted verá gatitas entaconadas, minifaldas bamboleantes, muchos escotes, nenas finamente pintadas y muchas, como la moda manda, excesivamente "ensiliconadas". No hay duda que la cantidad de mujeres colombianas en busca de cliente llega a ser alarmante. Se puede decir que el segundo piso a esa hora es un burdel con casino y hotel. Alguna chica me dijo que antes era peor, ahora les cobran 20 dólares a la entrada y así el material se ha decantado un poco. He de decir también que las chicas colombianas se roban el show por su belleza y de hecho por un lado engalanan la escena nocturna de este  hotel, pero por otro, dejan esa marca amarga de un estereotipo que no parece erradicarse, peor aún se consolida con el tiempo.
 
Si el turista desprevenido sale del hotel para dar una vuelta por los alrededores del mismo, encontrará más o menos un panorama parecido. A pocos metros del mencionado hotel encontrará una sala de masajes eróticos llamada "Oasis" en el que el grueso de las generosas chicas procede del país cafetero. "Oasis", no resulta ser un oasis del todo, en cambio sí es un lugar pequeño con un cajero gordo que explica el servicio, recibe el dinero y junto a él, descansan en unos sofás viejos unas cuantas chicas en diminutas tangas que esperan a su comensal de turno. En el fondo hay unas piezas deterioradas, algunas con baño pero todas pidiendo refacción. No coincide mucho la atractiva página del lugar en Internet con la realidad física del mismo. Claro que las chicas cumplen muy bien con su objetivo de entretener y hacer soñar a más de uno a cambio de unos dólares. Nuevamente sobresalen las colombianas por su belleza.
 
Concluyo que tristemente por estas tierras el nombre de Colombia está asociado a una sola profesión…

Esta es la contribución de un extranjero que aporta su experiencia como recién llegado a nuestro Istmo.  Aspira a convertirse en luz y guía de otros turistas que como él, no saben a ciencia cierta con qué se encontrarán en nuesto país.
 

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