viernes, 29 de marzo de 2013

Una ida a La Gruta Azul.

Por: El Ingeniero.

 
Un tiempo después de la celebración del cumpleaños de un colega en el club Miami, nos quedamos con la curiosidad de visitar más luganares de la ciudad de Panamá.

La opción más al alcance fue nada más y nada menos que la legendaria Gruta Azul.

No sé si lo saben, pero, La Gruta Azul es un lugar en una isla de Italia, la isla Capri, es una cueva sumergida a medias.  La luz del sol y el agua de mar dan la impresión que la cueva está sumergida en agua de un tono azul cielo muy cautivador.  Este lugar y su peculiar aspecto eran conocidos ya por los emperadores romanos quienes gustaban mucho de ir a dicho lugar a pasarla bien.


Vuelvo a hacer la salvedad que no soy un experto y disto mucho de ello.  Esto de ir a puteros es relativamente nuevo para mí y unos colegas.  Posiblemente si eres un zorro viejo ya estés cansado de ir a La Gruta y ya te sepas la rutina de memoria.  No obstante, estimo que al escribir como un lego poco experimentado, otros con poca experiencia apreciarán los datos.

Así un grupo de cuatro colegas, yo incluido nos reunimos y tomamos rumbo a la Gruta Azul.  Llegamos y caímos en cuenta que la entrada tenía un costo de dos dólares ($2.00) por persona.  Eso sí estos dos dólares no son consumibles.

Una vez dentro el ambiente no destacaba demasiado.  Una concurrencia exclusiva masculina.  nada raro con ello.

Las bebidas, al menos la cerveza nacional tiene un costo de tres dólares ($3.00) la pinta.  No demasiado barato, pero, un respiro en comparación con otros locales.

Como ya se ha hecho mención, en La Gruta Azul tú vas hacia las chicas, ellas no van hacia tí.

Hay shows, a mi parecer no con la regularidad necesaria.

Hay un show cada treinta o cuarenta minutos.  Es mi opinión que la concurrencia masculina tiende a aburrirse rápido si no se le mantiene interesado de forma regular.

No se vio a nadie acercarse a la tarima de baile a regalar a la bailarina con propinas, o sea, nadie le puso billetitos de a dólar en la tanga a las chicas.  De hecho, no estamos seguros de que se permita ello.

Ahora, lo importante.  Para tomar pintas un tanto caras y ver chicas menearse, podemos hacer una excursión a la malograda Zona Viva de Amador.

Hablemos de las putas en La Gruta Azul.

Había de todo como en botica.  Chicas que lucían jovencitas, otras que tenían pinta de veterana de rango, mujeres evidentemente operadas, otras que lucían atributos naturales que sin ser más llamativos no eran menos atractivos.  Rubias, morenas, teñidas, etc.

Como han de saber, en La Gruta Azul el tiempo que se puede solicitar la atención de una chica es de quince (15) minutos por la suma de veinte dólares ($20.00).  En esta ocasión los colegas íbamos más dispuestos en ánimo y finanzas.  Así que nos tomamos a la tarea de buscar algunas chicas de nuestro agrado y procederíamos a la proverbial subida.

Uno de mis colegas fue el primero en buscarse su amiguita.  Hago la aclaración que en este local las chicas se agrupan en una barra, imagino que ahí conversarán sobre la situación económica, el clima o sobre que ya la putería no es como antes.  No sé, el asunto es que si quieres buscar una chica, debes levantarte de tu silla y acercarte a ellas y expresar con claridad tus intensiones.

Sencillamente le dices a la chica que te gustó que quieres subir con ella.  Es poco probable que te rechacen, pero, acá todo es consensuado, así que si ella le parece te lleva al área detrás de la tarima.

Mi colega subió con una rubia teñida muy llamativa de cabello corto.  Solamente por curiosidad nosotros le medimos el tiempo a ver si realmente el servicio comprendía los quince minutos que se asumen.

El cronómetro le contabilizó unos 12 minutos entre el momento en que perdimos de vista a nuestro colega y el momento en que lo vimos regresar.

¡Ojo!  No estoy mofándome del aguante de mi colega.  Con lo experimentado en el Miami, está claro que las chicas harán y desharán para que el negocio sea lo más rápido posible.  Especialmente en este local, el tiempo es dinero.

Ahora fue mi turno, me encontré con una chica de cabello negro, lacio y largo que me pareció muy linda, le expresé mis intensiones y en cosa de un par de minutos ya estábamos en el pasillo que da hacia los cuartos.  Acá el hecho de "subir" también es puramente metafórico.  El área de los cuartos está al mismo nivel que el resto del local.

Sólo como mención, en este local hay dos controles visibles para entrar a la sección de los cuartos.  Una ventanilla donde la chica anuncia que va con su "novio" de turno y más adelante, una señora en un puesto quien cobra el uso del cuarto.

Los cuartos me dejaron complacido.  Al menos donde yo estuve.  Muy limpio todo, una TV en un canal de videos musicales, una cama doble cómoda y una sensación de privacidad.  Acá debo mencionar que este cuarto estaba mejor presentado y más grande que el cuarto descrito en el club Miami.

La chica estaba muy bien.  Una lindura de Medellín, al menos dijo ser de ahí, pero, el acento la acompañaba.  Se notaba que la parcerita había pasado por el bisturí, no obstante, también presentaba evidencias de asistir rutinariamente al gimnasio.

Muy amable la parcerita, cuando digo amable me refiero a ese toque que hace la diferencia a cuando nos atiende una mesera del patio y cuando nos atiende una mesera colombiana.  Esa amabilidad que da ganas de dejar propina.

¡Vamos!  Quince minutos no son suficientes para gozar debidamente de este tipo de cosas.  Así que me arriesgué y llegando a la conclusión de mis primeros quince, le propuse a la chica de pagar otro turno.

Yo esperaba una negativa, pero, la muchacha accedió en seguida y al sonar una alarma que parecía música de espera en una oficina gubernamental, ella avisó por un intercom que yo iba a pagar otro turno.

Así pude gozar de la grata compañía de esta parcerita por media hora, sumando cuarenta dólares ($40.00).

Se hace llamar Samanta y lo menos que puedo hacer por ella es recomendarla mucho.

El cuarto donde estuvimos tenía un baño donde me pude asear razonablemente para luego volver al bullicio del bar, eso sí, contento con el servicio brindado.

No puedo garantizar que les vaya igual que a mí, tanto así que un colega me dijo que la chica que él había escogido le pidió una propina extra de cinco dólares ($5.00) por quitarse el brasier.

Yo pude gozar de la cautivadora desnudez de Samanta de salida sin ofrecer extra y hago la salvedad que estaba dispuesto a pagarlo.

No obstante a esto yo puedo recomendar La Gruta Azul.  Muy posiblemente no sea un lugar adecuado para reunirse entre amigos y pasar un rato ameno en un strip bar.  Más bien es el lugar para ir a desahogar las ganas de culearse a alguna chica bonita sin mayor pega ni labor.

Pronto mis colegas y yo volveremos por esos lados.

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