sábado, 6 de abril de 2013

TRES LOCALES EN UNA NOCHE


Por: El Ingeniero

UN TOUR INESPERADO DE TRES LOCALES EN UNA NOCHE

La presente reseña tiene un matiz muy curioso ya que relata una experiencia reciente.  Resiente de hace unas cuantas horas.

Lo curioso del caso me trajo irremediablemente a redactar esta reseña ya que viene al caso y asumo que los lectores de esta web sabrán apreciar las extrañas ironías.

Sumido entre trabajo y estudios, el primer respiro en semanas nos tomó con ganas de gozar de las bondades de la compañía femenina, pero, sin demasiados compromisos.

Esto quiso decir:  Irnos de putas!

El plan original era relativamente sencillo.  Ir a la Gruta Azul, tomar algunas cervezas y buscarse alguna damicela que mereciera sacarle filo al mandoble.

El plan era invento mío y convidé a un colega a quien podremos llamar El Licenciado, este a su vez convocó a un grupillo de otros colegas.

Resumiendo, El Licenciado y sus amigos concertaron visitar un local que nunca había conocido.  El Cristal Moon.

Ubicado por la Plaza 5 de mayo, más o menos detrás de la tienda Feria Americana, está este lupanar, relativamente famoso.

El Licenciado y mi persona quedamos de encontrarnos con el resto de la comitiva ya dentro de dicho local.

Vamos directo a los detalles.  El local tiene buena pinta, parece una discoteca en toda regla, luces, música envolvente, hasta un DJ que se oía bastante animado.

Siendo un jueves, ya pasada la quincena no fue extraño que el local estuviera sin demasiada concurrencia visible.  Una pinta de cerveza Panamá me costó $1.50 (un dólar y medio).

Eso estuvo muy bien, al menos se puede tomar con cierta holgura.

La selección de chicas estaba entre muy bien y excelente.  El personal femenino de entretenimiento carnal era de lo mejor.

El local tiene tarimas y cuando mi colega El Licenciado le ofreció un billete de a un dólar a una de las bailarinas, esta lo tomó y le hizo un mini show privado al sinvergüenza de El Licenciado.

Yo procedí de la misma forma recibiendo un trato similar.  Sólo ver y nada de tocar, eso sí.

Al tratar de tocarle el muslo a la muchacha, ella misma me retiró la mano.  Un momento un tanto vergonzoso, pero, entendible al final.

El verdadero problema vino después.

Siendo directo y claro.  La idea era subir y he ahí el detalle.  Al consultar sobre los precios para hacer uso de los servicios de las chicas, nos informaron que el costo por tiempo de quince minutos es de nada más ni nada menos de sesenta dólares ($60.00).

Sí, así como leen.

Sesenta dólares por quince minutos es aún más caro que la hora en el club Miami.

Eso sí.  Las chicas se presentaban con buena actitud y en tono alegre y como mencioné, estaban de muy buen ver y seguramente de aún mejor degustar.

Luego de conocer el prohibitivo costo de la subida en el Cristal Moon permanecimos muy poco tiempo en dicho local.  Salimos con la idea de pasar por la ya conocida Gruta Azul y concretar el plan.  Nuestra comitiva se redujo a mi persona y a El Licenciado.  Ya era visible la menguante disposición del resto de la partida.

Al llegar a la Gruta nos sorprendió que esta estuviera repleta de parroquianos.  Cosa extraña siendo jueves y pasada la quincena.

Llegamos a tener la idea de que había alguna clase de evento o detalle especial dado el tamaño de la concurrencia.

Por favor, si alguno de los lectores tiene conocimiento de que si el jueves 4 de abril de 2013 tenía lugar algún evento o acto especial en La Gruta Azul, le ruego nos informe con detalles.

Luego de pagar los dos dólares ($2.00) de entrada llegamos en la mitad del show de una de las chicas, el baile iba al ritmo de Total Eclipse of the Heard.  Lo peor no era la cantidad de parroquianos, lo peor era que las chicas escaseaban.  Entre tanto cliente, llegó el momento cuando quedaron 3 chicas en la barra donde ellas suelen acomodarse y esperar a los clientes.

Como se entenderá, estas chicas remanentes no representaban la mejor selección de la Gruta.

Nuevamente decepcionados, luego de cavilar por un rato, El Licenciado y yo consideramos movilizarnos ahora hacia el Capri.

El Capri es otro de esos lupanares legendarios del que casi todos conocen, cosa que no era el caso para El Licenciado y para quien escribe.  Ubicado en la salida de calle 17 Río Abajo, casi en frente de una muy conocida escuela secundaria.

Un muy alegre taxista nos llevó de las inmediaciones de La Gruta hasta la parada de buses frente a El Capri.  Recomendación importante:  Que el taxista no entre al área de estacionamientos del local.  Automáticamente eso incrementa la tarifa, al menos en un dólar ($1.00).

Mi colega y yo nos enrumbamos hacia lo desconocido.  El Capri tiene costo de entrada, son tres dólares ($3.00), al igual que en La Gruta es requisito dejar en la entrada cualquier maletín o bolsa que se lleve.  Te dan un tiquete de comprobación para reclamar tu equipaje una vez abandones el lugar.

Al entrar, nuevamente llegamos a la mitad del show de una bailarina.  Casualmente su show iba al ritmo de la misma canción que en La Gruta Total Eclipse of the Heard.

Esto no nos dio demasiada esperanza a El Licenciado y a mí, pero, procedimos a entrar.

Buscamos una mesa y procedimos a observar el local y al personal.

El Capri tiene mejor pinta que La Gruta Azul.  El ambiente tiene más estilo a discoteca, La gruta tira más a un bar.

En El Capri, al menos, durante el tiempo que estuvimos ahí, hubo shows de forma constante.

El lugar estaba muy concurrido, pero, no estaba repleto.  A pesar de ello puedo comentar que habían muchas chicas.  Hablemos de las chicas en cuestión.

La selección era variada, sin embargo, predominaba el tipo de mujer latina, todas de buen ver.  Si hay que dar una comparativa, puedo decir que las sexoservidoras de El Capri están al mismo nivel en apariencia física que las de La Gruta Azul.

En una pared hay una pantalla donde se pasan textos con los precios.  En El Capri, el tiempo estándar de quince minutos tiene un costo de veinte un dólares ($21.00).  En la misma pantalla aparece el precio para dos tiempos; y sí, es de cuarenta y dos dólares ($42.00), aparentemente los propietarios de El Capri asumen que viendo tanta mujer bonita en poca ropa la capacidad aritmética de los parroquianos se esfuma.

Como diría Nacho Vidal:  "Nosotros íbamos a follar".

Así que nos pusimos a la tarea de buscar alguna chica de nuestro agrado.  Como dije el local tenía una buena selección y encontrar a una chica no fue difícil. En cosa de un rato me topé con una colombiana de muy buen ver y de actitud alegre, personalmente creo que la actitud es muy importante en estos menesteres.

Joanna dijo llamarse y luego de concretar el tiempo que yo deseaba estar con ella procedimos a ir al área de los cuartos.  Acá sí hay que subir algunos escalones y llegamos al primer punto de control, una puerta que da paso inmediato a la ventanilla de cobro.  Yo siempre me he preguntado cómo debe ser trabajar en un local como estos.

Es decir, ser mesero, cajero, cantinero, etc.  Cómo debe ser trabajar rodeado de putas?  De forma literal.

Luego de hacer varios comentarios chistosos con la chica con quien yo iba y hasta conmigo, el cajero me cobró la suma correspondiente a dos tiempos.  He llegado a la conclusión que quince minutos no son suficiente para gozar adecuadamente de una de estas chicas, así de buenas que están.

En El Capri, no sé si sea así en otros locales, cada chica tiene un cuarto asignado.  Joanna es la chica del cuarto #10.  Este cuarto me pareció limpio y de un tamaño adecuado, la cama era doble y hay baño y aire acondicionado independiente en cada cuarto.

Joanna no era de un físico exuberante, estaba muy buena, pero, nada fuera de lo normal, esto a que según pude percatarme, ella no ha pasado por el quirófano.  Como dije antes, su actitud fue lo que más me llamó.

Su compañía fue excelente y la pasé muy bien.

El polvo es lo tradicional, algo de oral, la puedes manosear toda, se quitan todo, pero, cualquier cosa adicional deberás arreglar una propina extra y la base son diez dólares ($10.00).

Curiosamente me he dado cuenta que a las putas les encanta conversar.  Quizás es para hacer tiempo o para conocer un poquito a quien ha usado de su intimidad o sencillamente porque les encanta la cháchara como a todas las mujeres; pero, Joanna no fue la excepción; así que aproveché para preguntar algunas cosillas.

Ella dice atender por fuera del local por la suma de ciento cincuenta dólares ($150.00) por dos horas,

Joanna me explicó que en El Capri hay una población mayoritaria de chicas colombianas, pero, han ido llegando chicas de Nicaragua y otros países de  Centroamérica y hasta algunas cubanas.

¡Ojo!  Joanna me dijo que su trabajo se ha ido poniendo más complicado en los últimos tiempos.  Me dijo que los hombres panameños suelen ponerse bruscos y poco caballerosos.  Y últimamente más.

La queja de todo colombiano, el trato áspero y poco cortés de la gente en la calle y la aún mayor grosería de las mujeres panameñas.

Me dijo cosas muy importantes:
1.  Una puta no es una muñeca inflable, si la aprietas muy duro le duele y si la tratas rudo se va a acordar de tí de forma poco grata.
2. Por favor, antes de ir a un local de putas, dense un baño y pónganse perfume.
3.  Hablen claro, si quieren hacer algo o que la chica les haga algo deben ser claros y estar mentalizados a que es un negocio y que todo cuesta.
4.  Las mujeres son todas vanidosas y aún que parte del trabajo de una puta es verse muy bien, a ellas les gusta que se lo digan.
5.  No importa si eres feo, gordo, calvo o lo que sea.  Es poco probable que una puta te diga que no, pero, si tienes un trato grosero o patán te vas a ganar una mala fama.

Muy interesantes puntos expuestos por mi amiguita en ese momento.  Cosas que creo que valdrían la pena considerar detenidamente.

Una vez dejamos el área de los cuartos y regresé al bar, mi amigo El Licenciado ya había buscado una chica de su agrado y nos reunimos para intercambiar impresiones.

No consumimos alcohol en el local, pero, nos informaron que la pinta ronda los cinco dólares ($5.00).  Algo caro, pero, con la salvedad que no estás obligado a consumir.  No averiguamos si parte del costo de la entrada es consumible.

Una vez cumplida la misión dejamos El Capri, a la salida uno de los vigilantes nos aconsejó a que esperásemos a un taxista que suele rondar el área de los estacionamientos, ello con el fin de no caminar a esas horas esa parte de la ciudad.  Claro, esto por un dólar adicional a la carrera que le indicases al conductor.  Dicho taxista no se encontraba en la zona, así que El Licenciado como quien les escribe caminamos hasta el Súper 99 de Balboa donde sí pudimos tomar un taxi.

Mis comentarios finales.  El Cristal Moon es un buen lugar para parquear, no cobran la entrada, pero, debes consumir algo.  Las chicas están muy bien y los shows son movidos.  Eso sí, subir es caro, aún más caro que en el Miami.

Habrá momentos cuando La Gruta Azul no será una opción cómoda.

El Capri lo sitúo en un punto intermedio entre el Miami y La gruta, un tanto mejor en ambiente que esta última, pero, las chicas del Miami pudieran estar uno o dos puntos por enzima que las de El Capri.

Yo recomiendo El Capri para parquear y buscar la compañía momentánea de alguna chica alegre y de buen ver.  Si estás planeando una salida entre amigos y el presupuesto no es demasiado, El Capri puede ser la opción que buscas.

La ubicación no es la más recomendable, pero, ese local es un lupanar legendario.  Años atrás allí estaba el Club Villa Fénix.  Que ha de estar en el recuerdo de muchos.

P.D:
Algo que no alcancé a preguntarle a la chica de El Capri fue si ellas residen allí mismo.  Me llamó mucho la atención que el cuarto en sí estaba acondicionado con armario, cómoda y demás enseres, como si fuera el cuarto de un hotel o alguien residiera allí.

¿Ellas viven allí mismo?

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